Aún con el cansancio y el calor del día anterior, no hizo falta ninguna alarma, todos estábamos despiertos a las 6am para desayunar y seguir camino.
Misma configuración de espacio y guardado de bolso y mochilas en auto, mismo sector para el perro (Beto).
El agua para el mate estaba embalada en el termo, a temperatura ideal.
Luego de hacer correr un poco a Beto con una pelota por la única avenida-calle-senda, nos fuimos despidiendo de la magia austera del pueblo de Chacha.
Asimismo, antes de subir al auto y precisamente en este tramo del trayecto fue que nos dimos por aludidos y enterados que el aire que estábamos consumiendo estaba fresco y limpio, ligero y fino. No dudamos que fisiológicamente el cuerpo lo nota antes pero ser conscientes del aire frío pegandote una cachetada invisible, te despabila mucho más rápido.
