Cuando era muy chica, como de 9 años, llegó una colecta un tanto interesante a las puertas de mi colegio.
Además de juntar alimentos no perecederos, pañales y ropa de abrigo también se quería contribuir con algo hecho por nuestras propias manos.
Imaginate! Me pareció algo totalmente autentico, poder darles a los chicos de la escuela del Chaco a la que apadrinábamos, algo mas que cosas "terciarizadas".
Podíamos hacer algo desde nuestras propias manos, materializar desde nuestro corazón, darle la forma que queríamos y poderlo mandar al Norte.
Me encontraba mas que emocionada!