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viernes, 6 de enero de 2017

En el pelo

Me dijo que mi cabello tenía líneas blancas.
Que iban y venían.
Que no hacían un camino derecho, que las líneas eran caprichosas.
Que no entendía por qué pasaba ésto.
Que su mami no tiene eso blanco en su cabello.
Que su papi no tiene esas líneas tampoco.

En un acto de amor me explicó que no me preocupara y que ella iba a encargarse del asunto.

Me comentó que me iba a poner linda.

Le expliqué que hiciera cuánto gustara, que mi cabello y yo quedábamos en sus manos.

Me recliné en un muelle de madera, y mientras oía el canal Arias pasar por debajo de nuestras almas, cerré los ojos.

Los abrí una vez que ella me indicara el permiso para hacerlo y me contó que mientras yo dormía ella había hecho un arreglo en mi cabeza.

Y así fue como en el primer día de año nuevo, Isabella y sus cuatro años de edad me compusieron la imagen poniéndome plumas de pava de monte y flores silvestres en mi cabello.

martes, 13 de diciembre de 2016

La calor

No. No voy a hablar de la temperatura promedio de la ciudad.

Hace calor.

Pero el calor es del termostato interno. Y es que se eleva, sube bastante cada vez que pienso que tengo y quiero escribir.

Me puse tímida. Me agarro la pachucheria, el silencio y el hermetismo.

Creo que ya se me va a pasar.

Eso espero.

Un abrazo para todas.
Me voy antes que el calor siga su curso :)


viernes, 16 de septiembre de 2016

Paciente. De para bienes

Pasaron varios meses desde la última vez que colgué un post.

También conseguí trabajo.
Y mas allá de que quizás se tilde como una indiscreción, voy a relatar las primeras impresiones laborales del curioso lugar en el que estoy.

Me encuentro colaborando en una clínica de salud, mas detalladamente estoy recepcionando pacientes en una institución mental.

Los casos vistos pasan por todos los termómetro e índices.
Está el que miente, el que quiere llamar la atención, el que se encuentra despistado y no sabe que hace en una sesión de psicoterapia. Los hay también perturbados y anímicamente exaltados. Estan los inquietos, los sonrientes, los malhumorados y hasta estan los ausentes.
De todas las edades, tamaños, credos y colores...
Y cuanto mas recepciono y cuanto mas me cuentan (porque hay muchos que no pueden esperar y que necesitan hablar con quien les toma el carnet de asociado) y cuanto mas me piden vasitos con agua, entiendo y reveo parte de mi propia vida.

En este ultimo tiempo me volví mas critica de mi cinismo pero también mas indulgente , mas paciente pero no tanto y mas escucha pero no demasiado y en cada cuento, anécdota,  transición y enfermedad (ficticia o real) me siento a salvo en mi propia psiquis. Y me empiezo a querer y a perdonar un poco mas.

Beneficios de un loquero. Porque el manicomio esta adentro de cada uno y el mío esta encontrando un hueco para perdonarme los errores un poco mas.

¿Y ustedes cómo estan?


miércoles, 18 de mayo de 2016

Acá. Reporte. (Entre paréntesis hay un poco de bilis)

Mmmm.
Mi perro sí me trajo mas vida social que cualquier momento de mi vida.

Ahí  estaba yo. 
Mirando, casi con desesperación cualquier lugar propicio para mirar al perro pastar, cualquier punto en donde la gente no me hablara. Suena bastante antipático, pero así soy yo: me gusta tomarme mi tiempo para conocer a la gente.

Me molesta el gentío  (mi antiguo trabajo está en pleno, absoluto y memorable corazón del microcentro porteño. Se podrá entender que cuando se pasan años ahí, con paros y marchas, bocinas y turistas, y algún hurto obligado, lo único que anhelas es silencio y poca gente. Suena antisocial, yo creo que me gusta tomarme mi tiempo y hacer las cosas a mi ritmo, provista de mi amplio espacio personal. Sí. Soy antisocial. Me gusta la gente de pocas palabras pero profunda, esas personas que te invitan a pensar, a interesarte en sus asuntos y viceversa, no como cuando te invaden con sus quilombos y después  de tenerte horas expuesta a sus lamentos, vos no tengas la oportunidad de opinar o de ayudar porque simplemente no les importa. Gente que solo quiere tener un testigo, vomitar lo que ellos tienen que decir y desechar un intercambio de anécdotas para el confort de amb@s, y no de ell@s mismos). Tan simple como eso.

Pero digamos que ocurrió lo contrario. Digamos que me tuve que dar con personas diferentes. Que escuche, muchisimas veces, palabras como: hijo. Asolescencia. Quinto. Año. Mediana. Edad. Ferretería. Easy. Cine. Imax. Shopping. Huec@s. Perro. Perros. Migui, Lula, Bruno, Lola, Atila, Nitro, Boris, Chabón (aKa: archienemigo a muerte de Betún), Kimmy, Bruma, Elvis, Kioto, Sushi, Mimí, Simón, Zucca, Mimi, Arabia, Betún, Betún, Betún... Betún; y cuando el oido se acostumbra y cuando hablamos todos te podes dar cuenta.... te das cuenta que las palabras repetidas tienen su ritmo, que gracias a esas repeticiones uno se conoce, que aquel/aquellos/nosotros (yo) que no emiten muchas palabras ante la cantidad de gente se siente/nos sentimos (me siento) abrigada y cobijada por esas palabras comunes. Que esos dichos usuales son un puente y que los puentes pueden estar construidos de cualquier material perdurable... hasta de repeticiones. 

Me siento bien.

Siento que hablo. Que estoy en sintonía. Que hablar de Betún me abre al mundo y que esos personajes que antaño solo hablaban de ell@s mism@s y solo de sus problemas pueden ser agua, agua que corre bajo un puente construido con palabras repetidas.

Que lindo es el parque Las Heras.


miércoles, 16 de marzo de 2016

Mi perro me trajo mas vida social que cualquier otra cosa.

Verdad.
A lo largo de estos meses, meses en los que me entrené como madre de Betún, he conocido mas gente de la que conocí en cualquier aspecto de mi vida.
Increíble.

Pero agotador.

No me malinterpretes, me gusta conocer gente, pero a veces me gusta sacar a mi perro al parque y verlo jugar para que mi cabeza se haga mas abstracta.

La gente me ve con perro, ve que mi perro juega con los suyos e indefectiblemente y casi por un mandato divino comienzan a hablar.
Hasta ahí, quizás todo bien, pero en algún punto agota.
Agota no poder estar en paz con el pensamiento de cada uno, de forma cerrada. No puedo ser miss social todo el tiempo; yo poseo una cuota bastante alta de gestos huraños y eso entra en conflicto permanente con la necesidad que tienen de hablar, de hablar de sí mismos... no de politica, no de arte, no del mundo... solo de sí mismos. Y eso me cansa.

Te dejo, voy a sacar a mi perro, con las ganas de encontrar a alguien que al menos haya leído el diario para dejar de hablar sobre sí mismo.

lunes, 14 de marzo de 2016

Diario del desempleo #1

Esto no es normal.

Ya renuncié a mi trabajo.

Ya me fui, ya pegué el portazo psicológico y físico. Ya me despedí, ya me despidieron, ya llovieron las cervezas y una noche indecorosa que quedo en los recuerdos de mi antigua vida de oficinista.

Ya está.

Ya mandé el telegrama de desapego, la misiva de los pañuelos que se ondulan como saludo cuando uno se va.

Ya está.
Ya está.


Estoy loca.
No duermo desde hace una semana.

Sé que hay algo allí afuera que me esta esperando que aún no puedo verle el rostro. Algo mío. Esa (mi) ocupación.

Sé que hay algo más.
Pero no lo veo.

Ya está. Estoy loca. No duermo hace mucho.


lunes, 18 de enero de 2016

Mutación

A veces las cosas se pierden, desaparecen , se cierran, cambian y mutan, vuelan y se olvidan o queda un lejano recuerdo.
Miles de blogs que leía con mucho cariño han desaparecido (A veces la vida es una Piiii, realmente te extraño mucho, Seelvana te extraño y miles de muchos otros mas - Querida Chivi, no te escapás de esta categoría). A veces los blogs quedan suspendidos en un  tiempo irreconciliable con el presente, se renuevan poco y nada, o quedan en una fecha olvidada, en la misma página, con la misma novedad, sin cambios... En parte es el caso de este blog.

Mas allá de los blogs la cabeza cambia, lo que antes te hacía crear una historieta de la nada ahora simplemente no está, o te cambió la mirada. El cambio de perspectiva a veces funciona como un puñal, y mas tarde se transforma en una ventaja, pero para llegar a ese momento hay que aprender de la "sequedad" de las ideas, o algo así.