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miércoles, 18 de mayo de 2016

Acá. Reporte. (Entre paréntesis hay un poco de bilis)

Mmmm.
Mi perro sí me trajo mas vida social que cualquier momento de mi vida.

Ahí  estaba yo. 
Mirando, casi con desesperación cualquier lugar propicio para mirar al perro pastar, cualquier punto en donde la gente no me hablara. Suena bastante antipático, pero así soy yo: me gusta tomarme mi tiempo para conocer a la gente.

Me molesta el gentío  (mi antiguo trabajo está en pleno, absoluto y memorable corazón del microcentro porteño. Se podrá entender que cuando se pasan años ahí, con paros y marchas, bocinas y turistas, y algún hurto obligado, lo único que anhelas es silencio y poca gente. Suena antisocial, yo creo que me gusta tomarme mi tiempo y hacer las cosas a mi ritmo, provista de mi amplio espacio personal. Sí. Soy antisocial. Me gusta la gente de pocas palabras pero profunda, esas personas que te invitan a pensar, a interesarte en sus asuntos y viceversa, no como cuando te invaden con sus quilombos y después  de tenerte horas expuesta a sus lamentos, vos no tengas la oportunidad de opinar o de ayudar porque simplemente no les importa. Gente que solo quiere tener un testigo, vomitar lo que ellos tienen que decir y desechar un intercambio de anécdotas para el confort de amb@s, y no de ell@s mismos). Tan simple como eso.

Pero digamos que ocurrió lo contrario. Digamos que me tuve que dar con personas diferentes. Que escuche, muchisimas veces, palabras como: hijo. Asolescencia. Quinto. Año. Mediana. Edad. Ferretería. Easy. Cine. Imax. Shopping. Huec@s. Perro. Perros. Migui, Lula, Bruno, Lola, Atila, Nitro, Boris, Chabón (aKa: archienemigo a muerte de Betún), Kimmy, Bruma, Elvis, Kioto, Sushi, Mimí, Simón, Zucca, Mimi, Arabia, Betún, Betún, Betún... Betún; y cuando el oido se acostumbra y cuando hablamos todos te podes dar cuenta.... te das cuenta que las palabras repetidas tienen su ritmo, que gracias a esas repeticiones uno se conoce, que aquel/aquellos/nosotros (yo) que no emiten muchas palabras ante la cantidad de gente se siente/nos sentimos (me siento) abrigada y cobijada por esas palabras comunes. Que esos dichos usuales son un puente y que los puentes pueden estar construidos de cualquier material perdurable... hasta de repeticiones. 

Me siento bien.

Siento que hablo. Que estoy en sintonía. Que hablar de Betún me abre al mundo y que esos personajes que antaño solo hablaban de ell@s mism@s y solo de sus problemas pueden ser agua, agua que corre bajo un puente construido con palabras repetidas.

Que lindo es el parque Las Heras.


miércoles, 16 de marzo de 2016

Mi perro me trajo mas vida social que cualquier otra cosa.

Verdad.
A lo largo de estos meses, meses en los que me entrené como madre de Betún, he conocido mas gente de la que conocí en cualquier aspecto de mi vida.
Increíble.

Pero agotador.

No me malinterpretes, me gusta conocer gente, pero a veces me gusta sacar a mi perro al parque y verlo jugar para que mi cabeza se haga mas abstracta.

La gente me ve con perro, ve que mi perro juega con los suyos e indefectiblemente y casi por un mandato divino comienzan a hablar.
Hasta ahí, quizás todo bien, pero en algún punto agota.
Agota no poder estar en paz con el pensamiento de cada uno, de forma cerrada. No puedo ser miss social todo el tiempo; yo poseo una cuota bastante alta de gestos huraños y eso entra en conflicto permanente con la necesidad que tienen de hablar, de hablar de sí mismos... no de politica, no de arte, no del mundo... solo de sí mismos. Y eso me cansa.

Te dejo, voy a sacar a mi perro, con las ganas de encontrar a alguien que al menos haya leído el diario para dejar de hablar sobre sí mismo.

lunes, 14 de marzo de 2016

Diario del desempleo #1

Esto no es normal.

Ya renuncié a mi trabajo.

Ya me fui, ya pegué el portazo psicológico y físico. Ya me despedí, ya me despidieron, ya llovieron las cervezas y una noche indecorosa que quedo en los recuerdos de mi antigua vida de oficinista.

Ya está.

Ya mandé el telegrama de desapego, la misiva de los pañuelos que se ondulan como saludo cuando uno se va.

Ya está.
Ya está.


Estoy loca.
No duermo desde hace una semana.

Sé que hay algo allí afuera que me esta esperando que aún no puedo verle el rostro. Algo mío. Esa (mi) ocupación.

Sé que hay algo más.
Pero no lo veo.

Ya está. Estoy loca. No duermo hace mucho.


lunes, 18 de enero de 2016

Mutación

A veces las cosas se pierden, desaparecen , se cierran, cambian y mutan, vuelan y se olvidan o queda un lejano recuerdo.
Miles de blogs que leía con mucho cariño han desaparecido (A veces la vida es una Piiii, realmente te extraño mucho, Seelvana te extraño y miles de muchos otros mas - Querida Chivi, no te escapás de esta categoría). A veces los blogs quedan suspendidos en un  tiempo irreconciliable con el presente, se renuevan poco y nada, o quedan en una fecha olvidada, en la misma página, con la misma novedad, sin cambios... En parte es el caso de este blog.

Mas allá de los blogs la cabeza cambia, lo que antes te hacía crear una historieta de la nada ahora simplemente no está, o te cambió la mirada. El cambio de perspectiva a veces funciona como un puñal, y mas tarde se transforma en una ventaja, pero para llegar a ese momento hay que aprender de la "sequedad" de las ideas, o algo así.

viernes, 18 de diciembre de 2015

jueves, 17 de diciembre de 2015

De pelos y estilos

Hace mas de un año que no me corto el cabello.

Ni siquiera un recorte ni un emparejamiento.
Ni siquiera las puntas o la renovación del estilo.
Nada. No me corto el cabello.

En mi última visita a la estilista tuve la mala fortuna de caer en manos de una mujer que hizo lo que se le cantó con mi cabellera, mis opciones y opiniones:
  • Le dije que me corte hasta aquí. .. y me corto hasta mucho mas allá. 
  • Le expliqué que quería  el largo por el hombro. Y me descubrí con un corte carré que apenas llegaba al mentón.
  • Le recomendé que dejara mi flequillo largo y en paz.  Sus tijeras moldearon un fleco rebelde por arriba (ARRIBA!) de las cejas.
  • Pedí con capas. Me lo hizo rebajado.

Me permití enojarme. Y lo hice. Y mucho... rabié y patalee. Le dije muchas cosas poco gratas a la estilista que había  tomado de rehén a mi lindo pelo. Ella se disculpó y terminó mi arranque explicándome que el pelo crece, que en menos de un mes el corte se iba a moldear a mi gusto (que respuesta impresentable, verdad?).

Pasó mucho tiempo y el cabello no se moldeada,  entonces tomé la (¿sana?) decisión  de dejármelo largo, bien larrrrrgo hasta que me volviese a amigar con la idea de volver a pisar otra peluquería.

Al cabo de todo este tiempo aún  no se si el cabello se moldeó, pero que creció es un hecho factible, un hecho que me muestra que jamas tuve el pelo tan largo como ahora, un hecho que me delata que todavía sigo enojada y que aún no quiero visitar ninguna peluquería mas.

Veré hasta dónde me llevara el enojo. El mismo se verá reflejado en el largo.... larrrgo cabello que por ahora poseo.

Rencor, yo? Naaaah.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El amor toma muchas formas,

se materializa en empaques imprevistos, se realiza en envoltorios alucinantes y se hace realidad en un perro, por ejemplo.

Una mañana, el negro me advirtió que se encontró un perrito sin hogar, que dicho perro "lo había elegido" y que pese a cualquier pensamiento mío, él decidía que iba a quedárselo.
Me quedé muda, quien quería llevar un perro a la casa (y mas que nada un perro de la calle) era yo y no me animaba por el poco tiempo que estamos en casa o porque la locación en la que cohabito es bastante pequeña.

Acepté, por supuesto que lo hice; el pobre perro estaba solo en el mundo y ya tenía la (dulce) imposición de mi pareja.


Ese día no volvería a casa hasta pasadas las 21.30 Hs.